Hasta aquí llegamos desde la capital, Addis Ababa en un avión de dos hélices, que la verdad se movía bastante, jeje, pero con azafatas atentísimas que nos dieron un desayuno que no esperaba y resulto muy rico.
A destacar los monasterios del Sur, en el lago Tana. Para llegar nosotros cogimos una barca desde el Hotel Ghion donde estabamos alojados. Este es un sacerdote al lado del bongo con el que llaman al culto. Y a la derecha una imagen del interior del Monasterio. Tengo que deciros que algunos no permiten (ejem!) la entrada a mujeres… pero otros sí, asi que os animo a verlos, si sois hombres (afortunados vosotros) vía libre!, en caso contrario revisad en guías o internet cuáles sí podéis visitar.
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También se puede ver el nacimiento del Nilo, donde en nuestro caso, había un hipopótamo escurridizo que no se dejaba fotografiar, además no resulta fácil porque las barcas tampoco se acercan en exceso pues los hipopótamos son animales  de lo más peligrosos.
Si pensáis que en Etiopía no hay agua, borrad esa idea de la mente, debajo veis las cataratas del Nilo Azul, os dejaran con la boca abierta. Mirad cuánta agua!!
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